Por Radha Dasi

En el siglo XVI el Señor Caitanya Mahaprabhu inició la más grande revolución espiritual y social de la historia moderna, al declarar que cualquier persona puede purificarse al nivel más elevado de conciencia por medio del canto de los santos nombres de Krishna. Los cuatro varnas de la sociedad védica tradicional, descritos por Krishna en el Bhagavad-gita, crean una estructura social jerárquica. La idea de que cualquiera, incluso aquellas personas que no pertenecen a la sociedad védica, pueden alcanzar el nivel más elevado, es un desafío fundamental a la jerarquía social.

Cuando en 1966 Srila Prabhupada trajo esta revolución al mundo Occidental, lo hizo en una sociedad que estaba preparada para tal cambio. Los adultos jóvenes de Estados Unidos estaban decepcionados de la cultura materialista y frustrados por el vacío de los logros materiales. A muchos jóvenes les angustiaba la opresión brutal de los afroamericanos, en el sur de Estados Unidos. Otros se oponían a los millones de vidas sacrificadas en una guerra de poder inútil contra China en Vietnam. Estos jóvenes, convencidos de la inutilidad de la vida material, escuchaban un mensaje de esperanza en las palabras de Srila Prabhupada.

Él los instruía diciendo que por venerar al Señor Krishna a través de los santos nombres, la sociedad humana podría permanecer unida y encontrar una paz duradera. Decía que todos los seres vivos son hijos e hijas por igual del mismo Padre. Srila Prabhupada aseguró que cuando recordamos nuestra verdadera identidad como servidores del Señor Krishna, obtenemos la bendición más elevada.

Al aceptar mujeres en los ashramas de ISKCON y darles el mantra gayatri, Srila Prabhupada anuló discretamente incontables épocas de la tradición védica. Para sus alumnos, que ignoraban el papel habitual de la mujer en la sociedad védica, su talante igualitario era totalmente coherente con sus enseñanzas. Ellos sabían que no somos este cuerpo y que el alma puede cambiar de cuerpo de hombre a cuerpo de mujer a lo largo de diferentes vidas. No les sorprendía que Srila Prabhupada diera a sus discípulas el mismo acceso al conocimiento trascendental y a las prácticas espirituales.

Sin embargo, en India, muchos de los hermanos espirituales de Srila Prabhupada se escandalizaron al enterarse de que un sannyasi aceptaba mujeres solteras como discípulas, y que además aceptaba su servicio personal. Asimismo, antes de Srila Prabhupada, ninguna mujer había recibido el mantra gayatri en la línea Gaudiya Vaishnava. Antes de Srila Prabhupada, con algunas raras excepciones, en nuestro linaje solo los hombres podían ser pujaris. Srila Prabhupada inició a las mujeres como brahmanas, las ocupó como sus cocineras personales y las entrenó como las primeras pujaris, colocando de esta manera la tradición patas arriba. Comprendió la mejor manera de difundir las enseñanzas de Sri Caitanya Mahaprabhu por todo el mundo y tenía confianza en ocupar a las vaishnavis de maneras diferentes. Demostró que la misericordia de Sri Caitanya Mahaprabhu es para todo el mundo y que ocupar a ciudadanos atribulados por Kali-yuga sustituía la necesidad de mantener la tradición.

Aún así, Srila Prabhupada nunca olvidó que el sistema de daivi-varnashrama, dado por Krishna Mismo, es el mejor arreglo social para entusiasmar a la gente a volverse consciente de Dios. Tampoco olvidó que tanto hombres como mujeres tienen ciertos deberes y necesidades relacionados con su género. Enseñó que las mujeres necesitan ser protegidas. Las jóvenes vaishnavis que se rendían a él conocían los peligros de ser violadas, de sufrir la violencia doméstica, del acoso sexual y de muchos otros males infringidos a las mujeres en la sociedad moderna. Ellas no necesitaban que se las convenciera a aceptar su protección y tampoco tenían problema en aceptar que la maternidad es un deber vital que solo las mujeres pueden cumplir. Srila Prabhupada nunca tuvo dificultad en equilibrar las necesidades y deberes únicos de sus vaishnavi, con el deseo de involucrarlas “en igualdad con sus hermanos” en la Conciencia de Krishna.

Pero a medida que ISKCON se desarrollaba, los discípulos hombres de Srila Prabhupada se dieron cuenta de la diferencia significativa de roles de las mujeres en la India y en América. El lugar de las vaishnavis, que anteriormente eran vistas como hermanas y miembros igualitarios en una familia espiritual, se definió en términos de matrimonio y maternidad. A medida que los líderes de ISKCON empezaron a incluir más y más monjes célibes, las vaishnavis se dieron cuenta de que las ignoraban y que sus voces no eran tomadas en cuenta.

Yo me uní a ISKCON en ese momento. Cuando era una devota joven, las mujeres se situaban en la parte de atrás del templo y eran las últimas de la fila para todo, desde recibir la lámpara de ghee hasta el prasadam a la hora de las comidas. En un templo que visité, a las vaishnavis se les prohibía hablar para que no agitaran indebidamente a los brahmacaris que estaban al lado opuesto de la habitación.

No puedo decir que acepté estas prácticas sin cuestionarlas, pero mi formación profesional y educativa me permitieron el acceso a los devotos mayores y al servicio adecuado según mis tendencias. En gran parte yo estaba satisfecha con el lugar restringido de las vaishnavis en ISKCON, como el mal necesario en el sendero a Krishna.

Mi opinión cambió después del nacimiento de mi hija. En poco tiempo ella me ayudó a ver que las limitaciones hacia las vaishnavis no eran inconvenientes menores, sino que en realidad eran un mensaje potente sobre la pertenencia a la Consciencia de Krishna. Una mañana, durante el kirtan del guru-puja, siendo ella una niña pequeña, empezó a empujarme hacia la parte de adelante del templo ansiosa por ponerse delante de Krishna y ofrecerle sus oraciones. Me resistí cuando vi a la multitud de brahmacaris en frente del altar. Ella no aceptó un no por respuesta y en un intento de explicarle rápida y tranquilamente mi renuencia le dije que los brahmacaris se enfurecerían, en caso de que me pusiera al lado de ellos. Mi hija no estuvo satisfecha con esta explicación. Avanzó en dirección al brahmacari más cercano y lo golpeó tan fuerte como pudo.

Fue en este momento en el que me di cuenta de que mientras que yo estaba dispuesta a aceptar limitaciones en mi acceso a Krishna, esas limitaciones afectaban a las jóvenes que crecían en el movimiento Hare Krishna, a las mujeres que venían por primera vez al templo y sentían rechazo por lo que ellas consideraban una discriminación y a todas las vaishnavis a quienes, por un concepto corporal, se les había negado el servicio, la oportunidad y las experiencias espirituales. Permanecer en la parte de atrás de la sala del templo o aceptar restricciones innecesarias a mis actividades conscientes de Krishna no me afectaba de una manera significativa, pero no podía apoyar un sistema que no le daba espacio a mi hija ni a millones de chicas como ella.

Durante más de 20 años he estado examinando esta tensión entre el mensaje igualitario de Sri Caitanya Mahaprabhu y el reconocimiento de que hombres y mujeres pueden legítimamente diferir en cuanto a sus necesidades y roles sociales. He escuchado a las vaishnavis de Srila Prabhupada hablar del amor con el que él las ocupaba en servicios que luego les fueron denegados. He hablado con estudiosos religiosos sobre los cambios de los roles de las mujeres en ISKCON después de la partida de Srila Prabhupada. Además de haber considerado profundamente el punto de vista de quienes hacen énfasis en la necesidad de institucionalizar el varnashrama-dharma en ISKCON y los beneficios sociales y espirituales de las sociedades tradicionales.

Finalmente, llegué a comprender que debemos honrar los dos aspectos del maravilloso regalo que Srila Prabhupada nos dio. Sri Caitanya Mahaprabhu abrió el almacén del amor por Dios y, de acuerdo con nuestras tendencias, todos merecemos la oportunidad de servirles a ambos. Tal como explicaba Srila Prabhupada, es nuestro derecho como servidores eternos del Señor Krishna.

Igualmente, no podemos olvidar que el servicio de la maternidad es esencial para el desarrollo de una sociedad espiritual. A menos que valoremos este servicio y a las vaishnavis que lo ejercen, tendremos dificultades para desarrollar comunidades espirituales. Tampoco podemos olvidar que las vaishnavis tienen necesidades únicas, incluso la necesidad de sentirse protegidas. Proteger a las vaishnavis no significa limitarlas en su servicio. Srila Prabhupada siempre protegió a sus hijas espirituales y esa protección no hacía que, en el creciente número de templos que iba estableciendo, las limitara en sus oportunidades de hablar en público, dirigir kirtans, dar conferencias sobre las Escrituras, adorar a las Deidades y muchos otros servicios.

Cuando intentamos establecer los principios del daiva-varnashrama-dharma en el mundo moderno, abrimos nuevos caminos. Todavía no sabemos a qué se parecerá una sociedad moderna varnashrama-dharma, pero el principio de que todo el mundo tiene derecho a usar su talento e inclinaciones al servicio de Krishna transciende todas las consideraciones sociales. Si bien podemos ajustarnos al tiempo, lugar y circunstancias a medida en que aparezcan oportunidades de servicio, es esencial que todos los devotos se sientan entusiasmados de servir al Señor de acuerdo con su naturaleza individual.

Podemos abrazar los diferentes roles sociales para los vaishnavas y las vaishnavis comprendiendo que los dos son complementarios y esenciales. Pero con estos roles, que pueden variar en todo el mundo, debemos permitir que los devotos usen su naturaleza y sus talentos personales en el servicio. Definitivamente, debemos crear comunidades donde el amor de unos por los otros asegure que las diferencias entre los hombres y las mujeres no se conviertan en una barrera para el desarrollo espiritual de nadie. Con el mismo espíritu revolucionario de Sri Caitanya Mahaprabhu, y siguiendo el ejemplo de Nityananda Prabhu y Haridasa Thakura, deberíamos inclinarnos ante los pies de todas las personas que conozcamos y rogarles que se ocupen en el servicio del Señor Krishna y de Sus devotos.

Este texto pertenece al libro “La voz de las mujeresemerge en ISKCON”. Te invitamos a seguir leyendo su contenido aquí: https://vaishnaviministry.org/surgimiento-espanol/

Prefacio

Share This

Share this post with your friends!